La coca, el combustible de un conflicto

3 06 2011

Autor: IAP

Es común que al ser preguntados por  Colombia, la mayoría de respuestas asocien el país a la coca. Nos gustaría aclarar que Colombia es mucho más que eso, pero puestos a hablar de este tema en concreto, sería bueno previamente aclarar la terminología para no incurrir en errores. Primeramente debe diferenciarse entre coca (planta de cultivo legal), pasta de coca (hoja recolectada y procesada con gasolina, queroseno, ácido sulfúrico…), y cocaína (producto, normalmente refinado en laboratorios europeos o estadounidenses, obtenidos a partir de la pasta base y otros químicos).

Aclarados estos términos, podemos pasar a describir la realidad de la coca en la región. Durante las diferentes visitas, hemos podido constatar la existencia de muchos cultivos de coca, de hecho es una práctica habitual entre l@s campesin@s, alternar este tipo de cultivos con cultivos de pancoger (yuca, plátano, fríjol…). Este hecho, es utilizado continuamente por los medios de comunicación, para tildar a l@s campesin@s de Narco-campesinos o financiadores de guerrilla… Pero como en muchas otras ocasiones, ésto no es más que un uso publicitario de la realidad, para justificar las atroces intervenciones del Estado en su presunta guerra contra el narcotráfico y esconder las verdaderas carencias de inversión en la región. Para comprender esta realidad, es preciso indagar en sus raíces.

Porque cultivan coca los campesinos?

Para entender el porqué de la presencia de estos cultivos, es necesario conocer

Autor: IAP

todas las motivaciones que llevan al campesino a esta opción. Para l@s campesin@s, plantar coca no es una opción, es verdaderamente la única alternativa que tienen de obtener un ingreso económico mínimo, que les permita mantener a sus familias con dignidad. Much@s campesin@s han intentado subsistir mediante cultivos como yuca o plátano, pero la falta de inversión del estado en infraestructuras (muchas veces la carreteras sólo son transitables a pie o en mula), unido a la desvalorización del precio de los alimentos en el mercado hace que esta opción no sea rentable. Por ejemplo, el cultivo de plátano, que tarda un año en crecer, puede venderse a 1500 pesos (0.58 €) el Kg, a lo que hay que restarle los gastos de producción y transporte en las mencionadas condiciones. En cambio 1 kg de pasta de coca, que cabe en una maleta, se vende por 2.500.000 pesos (1000 €), y eso sin contar que la planta de coca produce hojas cada 3 meses. Como vemos la diferencia es sustancial, e intentar sobrevivir a partir de cultivos como plátano o yuca, en estas regiones, es totalmente inviable.

Los mism@s campesin@s, nos expresan muchas veces, su deseo de abandonar este tipo de cultivo, ya que solo le causa problemas pero para eso necesitan una alternativa productiva, que el Estado no les proporciona.  Como afirman: “Nosotros no somos narcotraficantes, somos campesinos que cultivamos coca, no porque queramos sino porque no hemos tenido otra opción para sobrevivir”.

Autor: IAP

En el ciclo productivo de la cocaína, el campesino es únicamente el que planta la hoja y la vende en los municipios en forma de pasta de coca. Lo ilícito no es el cultivo de la hoja ni su recolección, actividad legal en el país, lo ilegal es su uso ilícito, por lo tanto no debe hablarse de cultivos ilícitos, sino de cultivos de uso ilícito. En los municipios los narcotraficantes compran la pasta de coca y la procesan con químicos comprados a multinacionales extranjeras de manera legal, para aumentar sus ganancias mediante su comercialización principalmente en Europa y Estados Unidos. Así la coca se convierte en una de las multinacionales más rentables después de las armas y el entretenimiento.

Y que hace el estado para solucionar este problema?

Antes de entrar en los planes del Estado, es preciso aclarar que todas las acciones llevadas a cabo, no han conseguido rebajar los índices de producción de coca, probablemente porque no interesa acabar con este negocio del cual el propio Estado, militares, guerrilla y paramilitares se benefician (hasta la misma CIA reconoció en sus documentos desclasificados que se financiaba del narcotráfico). De hecho aunque continuamente se mediatice con que la coca es uno de los focos del conflicto a ser combatido, la realidad nos muestra que ésta no es el problema en sí, sino el  combustible que lo sustenta para todas las partes.

Hablar de la política del Estado en este tema, es hablar de Plan Colombia. Muy por encima, el Plan Colombia consiste en un cuantioso préstamo de dinero de EE.UU. a cambio de que el Estado colombiano combata el terrorismo y el narcotráfico mediante pautas estadounidenses.  Esta pautas siempre son dictadas  favor de grandes multinacionales, como Monsanto o Dyncorp, y en detrimento del campesino que es quién paga las consecuencias.

Dentro del Plan Colombia, el estado firmó un lucrativo contrato con Monsanto, a cambio de que éste le proporcionará el glifosato, un herbicida “inteligente” derivado de su conocido producto Roundup. Según afirmó el propio  gobierno, el glifosto es capaz de matar selectivamente las plantaciones de coca, sin afectar a los demás cultivos ni personas. La realidad es que el Estado contrató a Dyncorp, una empresa de aviación, para realizar fumigaciones indiscriminadas desde el aire, en las regiones donde se supone que existen cultivos de coca. Con esto, no se consigue solamente eliminar la coca, sino que también se mata los cultivos de pancoger de los cuales dependen las familias, se deja la tierra improductiva durante años y  se contamina el agua de la cual todos dependen.

La gravedad del asunto no termina aquí, ya que las personas también son fumigadas, provocándoles graves problemas de salud como quemaduras, vómitos o insuficiencias respiratorias. El campesinado es visto como una plaga, y por lo tanto las plagas hay que exterminarlas.

Muchos de l@s afectad@s se preguntan por qué el Estado en vez de gastarse el dinero con las fumigaciones no invierte en el campo, dándoles créditos, arreglando las carreteras y facilitando un plan de desarrollo alternativo que les permita sustituir su actual modelo de vida. El costo de la fumigación aérea con glifosato es de 626 $ (unos 500 €) por hectárea. Teniendo en cuenta las grandes extensiones fumigadas, esto se convierte en una gran suma de dinero, que solo ha servido para trasladar las personas y los cultivos a otras regiones, promoviendo una vez más el desplazamiento, muchas veces intencionado debido a la riqueza mineral de las regiones.

En resumen podemos ver que la coca es para el campesinado, no un negocio, sino el único método de supervivencia que le queda ante la falta de inversión del Estado. Éste en cambio, lejos de ayudar al desarrollo de la región,  dictamina mediante sus políticas que el culpable del consumo de las drogas es el campesinoque cultiva la hoja para sobrevivir, ocultando así los verdaderos beneficiarios del negocio y fomentando el desplazamiento de la población.

Otra reflexión necesaria, es el cambio de la visión europea que se tiene acerca del país y la coca, y como el consumo de la cocaína, financia un negocio mundial, como es el conflicto colombiano.